Volkswagen 1303

En el aparcamiento de la playa de Montauk vimos en 2005 el nuevo Mustang. Mis hijos dieron un respingo y gritaron: ¡Un Mustang! Después, supimos que pertenecía a un socorrista. Había cola para poder comprarlos. Me dejó perplejo el que un chaval pudiese comprarse ese pedazo de auto. De todas formas, en Estados Unidos los coches son más baratos que en Europa.

Me extrañó que este vehículo mítico para mí y para tanta gente de mi generación, a mis hijos también les alucinara. Después, supe que en algunos videojuegos que transcurrían por las calles de Miami aparecía, entre otros, el Mustang. La Play Station era moneda corriente entre los chavales.

Pues bien, en Septiembre de 2005 yo conseguí comprarme ese Mustang e importarlo por primera vez. Fue el primero en España.
También tuve un Camaro de morro largo, otro coche mítico, cuando vivíamos Susi y yo en Nueva York a finales de los ochenta. Como se puede ver me gustan los coches. Me gusta conducir, perderme por las carreteras, concentrarme en la conducción hipnótica y acelerar.
He conducido mucho por España, Europa y Estados Unidos persiguiendo nuevos horizontes, paisajes cambiantes como la belleza de una mujer y sintiendo el manejo de la máquina. Emocionante.

En todo caso, tengo una debilidad por el “Beatle”, el escarabajo, el Volkswagen antiguo, sobretodos el último modelo que hicieron a finales de los setenta en Alemania y Holanda. No puedo dejar de fijarme en ninguno de ellos cuando los veo por la calle. He tenido varios y sigo teniendo alguno. Cierto día, relataré mis historias, que son muchas, con este coche por las carreteras.

Únicamente contaré ahora que yo acompañé a mi amigo Ignacio Iriarte, “el mexicano”, a San Juan de Luz, en la parte vascofrancesa, a comprar su escarabajo blanco cuando teníamos escasamente dieciocho años, En él le acompañaba a mi amigo cuando teníamos chicas mientras él conducía “masificando” el motor. Eso me debió marcar para siempre.