El Diario Vasco entrevista a Eduardo Iglesias

Eduardo Iglesias: «Hoy vivimos bajo control: nos vigila el Estado, nos vigila internet»

Eduardo Iglesias elige para la entrevista esta foto, tomada en invierno en el Pirineo. «Es un paraíso que me inspira», dice./DV
Eduardo Iglesias elige para la entrevista esta foto, tomada en invierno en el Pirineo. «Es un paraíso que me inspira», dice. / DV

El novelista donostiarra publica ‘El vuelo de los charcos’, una epopeya futurista, entre Orwell y ‘Blade Runner’, «que trata sobre la libertad»

SAN SEBASTIÁN.

Eduardo Iglesias (San Sebastián, 1952) publica ‘El vuelo de los charcos’, una novela que parece un libro de relatos (o viceversa) y que es heredera del ‘1984 ‘de Orwell, de ‘Fahrenheit 451’ («más de la película de Truffaut que de la novela de Bradbury) y de ‘Blade Runner’. «Cuando vivía en Nueva York y me sentía triste me metía en un cine a ver esa historia, y salía de la sala sintiéndome el personaje de Harrison Ford», bromea Iglesias, donostiarra afincado en Madrid.

Su nuevo libro (publicado en Trama Editorial) es una reflexión sobre la falta de libertad y sobre la soledad del individuo. «Yo soy un solitario que se pone a escribir sin pensar en si me lee un lector o un ejército», explica. «Iglesias escribe retratos de individuos descabalgados entre las más nobles intenciones y las más descorazonadoras realidades», escribe en el prólogo su amigo Ray Loriga, con el que ha colaborado en distintos trabajos y que dirigirá próximamente la versión cinematográfica de uno de los títulos de Eduardo Iglesias, autor también de volúmenes como ‘Aventuras de Manga Ranglan’ o ‘Cuando se vacían las playas’. Iglesias interviene mañana en el Octubre Negro de Getafe.

Sus lazos con Donostia están hasta en el inicio del libro.

-Por supuesto. En San Sebastián vive mi padre, con 95 años. A él le he dedicado el libro, y a mi mujer y mis hijos. Soy donostiarra aunque la vida me ha llevado por muchos sitios. Y escribiendo, sigo viajando a sitios imaginarios, en viajes que me gustaría ser acompañado por el lector.

‘El vuelo de los charcos’ mezcla estilos en una estructura especial. Usted llama al libro «novela».

-Novela es un cajón de sastre en el que cabe todo. Yo en todas mis novelas he metido, además del argumento central, historias negras o policiacas que contrastan con la trama principal. En este caso el argumento principal alterna con unos relatos breves, y dijo irónicamente que la segunda parte es un plagio de ‘Cuando se vacían las playas’, una anterior novela mía. El personaje Jota Solo sigue exitiendo, siguen los mismos rebeldes que se escapan a las cuevas y tratan de dinamitar la Ciudad Amurallada. En los tiempos en que vivimos una novela debe incluir píldoras que vayan entreteniendo al lector, de modo que quien lee se sume a la búsqueda del autor. Cuando yo empiezo un libro solo parto de una idea, y los personajes y la estructura se van construyendo a medida que avanzo. Lo que me importa es hacer crítica social de cómo está el mundo y cómo está España.

Ray Loriga define bien su estilo en el prólogo del libro.

-Hay una frase de Ray que me encanta, cuando dice que soy «como un tamborilero, rayano en la locura, que avanza solo alentando a un ejército ya derrotado, a una armada de fantasmas». Soy un solitario y siempre lo he sido. Creo que he hecho una novela del siglo XXI, exagerando la combinación entre una historia principal e interrupciones secundarias. Es un libro sobre la libertad.

Parte de la acción se sitúa en la Ciudad Amurallada, con reminiscencias de Orwell, en un futuro oscuro.

-Sí, la novela tiene algo de ‘1984’, y de la herencia de ‘Fahrenheit 451’, la película. Yo cuando escribo me guío por la intuición y las cosas que he leído. Ahora estoy muy preocupado por la falta de libertad. En los años 80, en plena Transición, éramos mucho más libres que ahora. Ahora salimos a la calle amedrentados, la Policía te da miedo y la Guardia Civil parece que te espera para multarte. Sales de casa acojonado. Vivimos con la sensación de que estamos controlados por el Estado, por internet…

La sombra de ‘Blade Runner’ aparece en la novela.

-‘Blade Runner’ me encanta, tanto la primera película como la segunda. Cuando vivía en Nueva York y tenía mal día me metía en el cine a ver la película y salía a la calle creyéndome más de lo que era.

Su amistad con Ray Loriga llega también a lo profesional.

-Teníamos a punto el rodaje de ‘Cuando se vacían las playas’, pero el proyecto se detuvo justo cuando estabamos a punto de empezar a rodar. También mi novela ‘Tarifa’, que funcionó bien en francés, va a dar lugar ahora a otra película. Ray yo estamos muy próximos, somos amigos y nos entendemos bien. Mañana vamos a Getafe Negro a hablar de novelas.

Una pregunta como ‘hermano’: ha seguido de cerca el proyecto de Cristina Iglesias para la isla de Santa Clara, en San Sebastián.

-Me encanta que haya elegido la isla y me encanta su idea. El faro y el agua, las fuentes tan frecuentes en la obra de Cristina, remiten a un universo muy femenino. Tiene una pinta estupenda. Y la exposición que acaba de abrir en el Centro Botín de Santander es excepcional.