Entrevista a Eduardo Iglesias en los Cuadernos del Sur de El Diario de Córdoba

Entrevista de Juana Vázquez publicada el 28 de febrero de 2015 en los Cuadernos del Sur de El Diario de Córdoba.

“Eduardo Iglesias es un escritor “secreto”, pues no le gusta pasearse por los cenáculos literarios. El sigue a su aire haciendo, fuera de tendencias y modas, su obra singular y con su propia voz. Una obra ya consolidada. Nació en San Sebastián en 1952, vivió en Nueva York y ahora reside en Madrid. Entre sus novelas destacan Por las rutas los viajeros, Tormenta seca, Tarifa y Cuando se vacían las playas , con muy buena acogida por los críticos. Hace unos meses se publicó su última novela, Los elegidos (Los Libros del Lince, 2014), cuyos protagonistas escapan voluntariamente del mundo, que vive unos tiempos sin entrañas.

—La idea central de la novela, ¿es la crisis económica?

–Es una variable más, como también el calentamiento global del planeta, pero no las ideas centrales. Para mí lo importante es la frase con que empieza la novela: “Llámame viejo y yo te llamaré chaval”. La relación de un hombre mayor y un joven. Podría parecer la relación de un padre y un hijo; salvando todas las distancias, como Leopold Bloom y Stephen Dedalus en el Ulises de James Joyce. Es un viaje quizá más homérico donde la carretera es una idea central. El camino que emprenden los dos personajes andando por los parajes y la aventura a la que se entregan. Vagabundos, desheredados del bienestar y a la vez buscadores de andanzas.

–¿Te interesa sorprender al autor, a ti mismo, con lo que escribes?, es decir: ¿al escribir se hace la escritura?

–Exactamente. Al escribir se hace la escritura, se van creando los personajes, se forma la estructura de la novela, como dice acertadamente Don Delillo. Yo empiezo una novela con una imagen, una idea, una frase que me ha estado rondando un tiempo y de esa manera me lanzo a la búsqueda de la historia escribiendo palabra a palabra, frase a frase, párrafo a párrafo. Tiene que haber sorpresa, tengo que sorprenderme a mí mismo con lo que va surgiendo. Y me gusta que esa misma sorpresa la sienta también el lector; de esa forma se apropia más fácilmente de la novela y la hace suya. Si supiese la historia de antemano creo que no escribiría. Me aburriría.

–En la novela asoma mucha de nuestra literatura tradicional: El Cid, la novela picaresca, etcétera. ¿Eres consciente de ello?

–Al principio, no, pero luego me voy dando cuenta del aroma que va cogiendo la narración. Y claro que he sido consciente del Poema del Mío Cid , que lo nombro además en la novela y es una de las primeras historias de carretera. Los personajes de Los elegidos son desterrados en cierta forma como El Cid. Los diálogos se acercan a la picaresca y el Quijote y Sancho Panza se pasean en la distancia por las divagaciones de mis personajes

–Me ha extrañado una cosa, y es que la novela está casi toda ella en diálogos.

—Sí, es la primera de mis novelas que los diálogos te van llevando en la construcción de la novela y en el conocimiento del comportamiento de los personajes y las situaciones. En cada novela, y esta es la sexta, tengo que sentir que estoy haciendo algo diferente a lo que ya he hecho. Una forma de progresar en el conocimiento de mis aptitudes.

–Hay mucho de visual en esta novela: imágenes, atmósfera… ¿Tu relación con el mundo del cine, del vídeo, es la causa?

–Todas mis novelas son muy visuales. Le debo mucho al cine. Crecí viendo películas. Precisamente, quizás por eso, Ray Loriga va a dirigir una película de mi anterior novela, Cuando se vacían las playas , de la que juntos hemos escrito el guión. También con Juan Estelrich escribimos juntos, hace unos años, dos guiones; uno basado en mi novela Tormenta seca y otro en una historia suya, pero no se han rodado. Es una pena.

–Hay un cierto misterio en la trama, en los personajes, que se sugieren más que se concretan.

–No hay que disolver el enigma. Es fundamental mantener el enigma en casi todos los momentos de la narración. Por eso no pinto demasiado los personajes. Dejo que el lector los vaya completando a su medida. Tiene que haber una complicidad entre el lector y yo como escritor. Tengo muy claro que antes de que nadie lea la historia ella me corresponde, es mía, pero una vez editado el libro la historia le corresponde a cada lector.

— Y una cosa que me ha llamado la atención es que los personajes, al poco de conocerse, intiman, se hacen grupo, familia.

–Bueno, hay, creo yo, matices. Unos personajes se acercan entre ellos más fácilmente que otros. Por ejemplo, el furtivo mantiene muy bien las distancias. El viejo y el joven van conociéndose progresivamente. De todas formas, esto es una cuestión que me preguntas porque esa ha sido tu percepción. Pues bendita sea, es ya tu novela. En todo caso, yo como persona hago amigos muy fácilmente y quizás trasvaso mi condición a la historia. Puede ser una clave que responde a tu pregunta que me sorprende y por primera vez observo.

–Que yo recuerde, tus anteriores novelas son novelas de protagonista, aquí sin embargo es una novela de un grupo, una novela coral.

–Puede ser. Pero en todas hay actores secundarios importantes. Aquí el gran protagonista, poniéndonos en plan cinéfilo, a mi entender, es el viejo. Y siempre hay uno o dos papeles femeninos que enriquecen mis historias y según qué lector se convierten en protagonista en determinadas secuencias. Todo esto en versión cinemascope.

–Me parece una novela singular, original, no te unes a ninguna tendencia.

–Gracias, esto es lo mejor que me podías decir. Es lo que intento de verdad en todas mis novelas con más o menos acierto. Si de algo intento huir es de parecerme a alguien.

–Tu literatura la veo diferente, voy leyendo y digo esto no es igual a la narrativa que se da hoy. Pero no encuentro en qué. ¿Tiene idea el autor de ello?

–Podría aventurarme a hacer cierta conjetura. He tenido muy cerca y lo considero mi maestro y amigo al gran escultor Eduardo Chillida, padre de mi mujer, Susana, que por cierto hizo unos documentales sobre él maravillosos donde se aprecia lo que voy a decir. De mi tocayo, como nos llámabamos entre nosotros, aprendí cómo se aproximaba uno al arte. Escucha el presente, intenta ser nuevo en cada percepción, no tengas miedo a errar, sé paciente, en cada obra consigues un porcentaje de respuestas a tu pregunta pero no todas, cosas como éstas decía. Por eso yo no intento hacer una novela redonda, tal como a los críticos les gusta calificar la excelencia. A mí me gusta que sean paralelepípedos, que tengan aristas para poder seguir avanzando en la siguiente novela. Si fuese redonda habría respondido a todo lo que quería saber y me temo que acabaría con mi vida de escritor.”

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